miércoles, 23 de diciembre de 2009

¿Qué fue de Winston Bogarde?


Winston Bogarde, no confundir con Dirk Bogarde, que era un actor y no tiene la culpa de que años después apareciera en la esfera pública futbolística un homónimo suyo de dudosas aptitudes futbolíticas, es conocido por su nada desdeñable par de temporadas en el hogaño mejor equipo de la historia del fútbol.

Fue uno más de la hornada de tulipanes que se trajo al equipo representante de la ciudad condal el señor Louis Van Gaal, aunque tuvo bastante menos reconocimiento que otros como los hermanos De Boer, el guardameta Hesp, el extremo zurdo Zenden, el medio Phillipe Cocu, el bellísimo Reiziger, o el otrora espléndido delantero centro Patrick Kluivert. Este último podría tener cabida en esta sección por su espectacular paso por los hospitales y clínicas de salud valencianas durante todo un año de contrato. Pero bueno, como digo, eso es aparte.

El señor Bogarde participó en 40 encuentros en esas dos temporadas en el conjunto culé. Metió cuatro goles. Ganó dos ligas, una supercopa de Europa, y le arrebató futbolísticamente -junto a sus compañeros, claro está- la Copa de Su Majestad el Rey al Mallorca. A priori, no está del todo mal. Lo peor -o lo mejor, según se vea- llegaría después.

Tras su paso por el Barcelona firmó por el Chelsea para las cuatro posteriores campañas. El señor Claudio Ranieri se hizo poco después con las riendas del banquillo del club londinense, y no tardó en expresar que el recién fichado Bogarde no entraba en sus planes. Consciente de haber firmado el contrato de su vida, y de que a ningún otro club se le ocurriría ofrecerle un contrato de la índole del que le había ofrecido el Chelsea, el gran Bogarde cumplió durante cuatro años escrupulosamente sus obligaciones para con el club inglés, yendo a entrenar todos los días. Lo único es que los partidos los veía desde la grada.

Bogarde ganó desde el año 2000 hasta el 2004, la importante suma de 40.000 libras por semana. Y todo, para disputar 11 partidos con la elástica azul durante todo este período. Por si no tenía suficiente gracia la historia, el Chelsea ganaría un trofeo doméstico en estos años que, de acuerdo a una cláusula presente en el contrato del tulipán, le reportaría a Bogarde un pago de prima. Cabe destacar la no participación en ningún partido de esta competición del holandés.

Winston dejaría la práctica "profesional" del fútbol en el año 2005, y conociendo los datos relativos a sus emolumentos, desde Informe Membrillera consideramos que no ha debido de afectarle en exceso la crisis económica mundial.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Cero cerismo en Riazor



El Valencia Club de Fútbol ha cosechado un empate en Riazor y consigue el objetivo de finalizar el año en zona de Liga de Campeones. Los de Emery consiguen a su vez mantener las distancias en la clasificación con su rival de ayer, el Deportivo de la Coruña, y evitar que éste le sobrepase en la tabla, hecho que se hubiera producido de haber ganado ayer el conjunto de Miguel Ángel Lotina.

El encuentro fue trabado, espeso, sin casi ocasiones de gol y numerosas imprecisiones en los pases. El técnico valencianista optó por dar entrada de inicio a Rubén Baraja como acompañante en la medular de David Albelda. En consecuencia, pasó a jugar de enlace, justo por detrás de Villa. No obstante, el argentino no se siente cómodo en esta posición, y el equipo lo nota. Por muchos esfuerzos que haga Éver por asimilar el rol que acarrea jugar de mediapunta, no consigue estar a la altura de Silva.

Así, el Valencia no tuvo casi opciones de gol en la primera parte. Cercó el área en numerosas ocasiones, sí, qué remedio... Pero sólo dos disparos de Villa tuvieron cierto peligro para el meta Aranzubio. El primero, tras un certero pase largo de Dealbert que el Guaje no acertó a golpear bien con su pierna zurda. El segundo, tras jugada personal en la media luna, que también con la siniestra el 7 ché mandó por dos palmos alto. Poco más aparte de estos dos sustos.

En la otra parte del campo, el único punta ayer del Deportivo, Adrián, sí que creó serios problemas a Dealbert y, sobretodo, a Alexis. En dos contragolpes avisó y, poco antes del intermedio, colocó en el larguero un extraño testarazo.

En la segunda mitad, la contienda siguió con el mismo guion: juego a ráfagas sin dominador claro y con una mediocre creación ofensiva por parte de ambas escuadras. Emery intentó dar un vuelco al partido y dio entrada a Jordi Alba en sustitución de Baraja, en el minuto 57. Banega pasaba así a su posición natural, y el canterano entrante asumía las tareas de extremo izquierdo, mientras que Mata pasaba a la demarcación de segundo delantero.

Estos cambios, no obstante, no tendrían tampoco unas consecuencias notables sobre el transcurso del choque, y el Valencia siguió sin tener oportunidades claras hasta el pitido final. Fue de nuevo el Deportivo el equipo que tuvo la más clara opción en la segunda parte, al cabecear Sergio desviado un centro desde la banda izquierda.

En un justo empate, el Valencia volvió a dejar la portería a cero y empezará el año futbolístico en posesión del cuarto puesto.

viernes, 18 de diciembre de 2009

El payasito del Coliseo Valencianista

Pablo César Aimar es un futbolista argentino nacido el 3 de noviembre de 1979 en Río Cuarto, Provincia de Córdoba, Argentina.
La temporada 2000/01 fue fichado por el Valencia CF donde tuvo una fácil adaptación al fútbol europeo. Luego del pago de la cifra mas alta pagada por el Valencia en su historia, "Pablito" se afianzó instantáneamente en el esquema del técnico Héctor Cuper, fue así como el Valencia consiguió su pase a la final de la Liga de Campeones en Milán, final que perdió por penaltis contra el Bayern de Munich, fue una de las derrotas mas dolorosas según cuenta el propio Aimar.
Sin embargo, con la llegada de Rafael Benítez a la dirección técnica del equipo, Pablo se afianzó en el equipo conquistando logros como la copa de la UEFA y dos veces la liga española. El 2002 fue uno de los mejores años en la carrera del jugador, ya que además de que el Valencia obtiene la liga, él se afianza como titular de la selección argentina de cara al mundial de Corea-Japón 2002 con Bielsa, y después del mundial, en los primeros días de Agosto, contrae matrimonio con la novia de toda su vida.

Pablo César Aimar logró recuperarse y, en Benfica, volvió a ser aquel jugador diferente que manejaba los hilos de finales de los 90´.(recordemos que sufría una pubialgia muy aguda).Ese regreso al primer nivel le valió esta convocatoria de Diego Maradona, de cara a los trascendentales partidos ante Perú y Uruguay.

Por el momento, quedó más que claro que el técnico del equipo nacional nunca supo encontrarle la vuelta a jugar sin Riquelme. No porque el volante de Boca sea insustituíble, sino porque el 10 está habituado a jugar con un 10 en su equipo. Probó con Montenegro, y hasta con Verón como lanzador. Incluso el Kun Agüero desempeñó ese rol en el amistoso contra Rusia, quizás su mejor actuación con la casaca albiceleste.

Pero ahora, con el ingreso de Aimar al plantel, la Argentina recupera un 10 clásico. Eso, sumado a la experiencia que recolectó a lo largo de estos años el ex River, puede brindarle varias soluciones a un equipo vapuleado y presionado psicológicamente.
Maradona contará con un plantel de lujo:
Arqueros: Mariano Andújar (Catania, Italia) y Diego Pozo (Colón de Santa Fe).

Defensas: Nicolás Pareja (Español, España), Martín Demichelis (Bayern Munich, Alemania), Ansaldi (Rubin Kazan, Rusia), Nicolás Otamendi (Vélez Sarsfield), Cristian Alvarez (Arsenal de Sarandí) y Papa (Vélez).

Mediocampistas: Fernando Gago (Real Madrid, España), Maximiliano Rodríguez (Atlético de Madrid, España), Jesús Dátolo (Nápoli, Italia), Angel Di María (Benfica, Portugal), Pablo Aimar (Benfica, Portugal), Ever Banega (Valencia, España), Mario Bolatti (Huracán) y Pastore (Palermo, Italia).

Delanteros: Gonzalo Higuaín (Real Madrid, España), Sergio Agüero (Atlético de Madrid, España), Lionel Messi (Barcelona, España), Ezequiel Lavezzi (Nápoli, Italia) y Martín Palermo (Boca Juniors).

jueves, 17 de diciembre de 2009

El Valencia vence con sufrimiento en Génova



En un encuentro no apto para cardíacos valencianistas, el Valencia Club de Fútbol ha conseguido certificar su pase a los dieciseisavos de final de la Europe League, gracias a la victoria conseguida frente al Génova italiano por 1 gol a 2. El equipo ché se ha mantenido al borde del precipicio durante 44 minutos que se han hecho eternos, desde que el veterano Crespo igualase la contienda en el minuto 50 hasta que Villa adelantase por segunda y última vez al Valencia, en el último minuto del descuento .

Entre vengalas de los tifosi y viento comenzaba el choque en el estadio Luiggi Ferraris. El Valencia comenzó fuerte, sólido y centrado, y Villa pudo colocar el primer tanto visitante tras jugada personal en el minuto 3. Scarpi despejaba a córner. Pocos minutos después, era el mismo Guaje, tan peligroso como siempre, quien con pierna zurda volvía a probar la capacidad del veterano guardameta del Génova. El Génova, acosado por su necesidad imperiosa de ganar para pasar de ronda, comenzó a estirar su dibujo, más por garra que por calidad. La retaguardia blanquinegra aguantaba las embestidas transalpinas con relativa facilidad, y sólo alguna internada del peleón Rodrigo Palacio y la movilidad de Hernán Crespo, supuso problemas para la portería de Moyá.

Joaquín perdonaba solo ante Scarpi en una buena jugada del equipo de Emery, minutos antes del gol anotado por Bruno Saltor. Fue en el tiempo de descuento de la primera parte, cuando ambas escuadras estaban pensando ya en el segundo tiempo, y justo después de una buena ocasión errada por Crespo, cuando Joaquín templó el esférico hacia la línea delimitadora del área, donde Bruno peinó la bola hacia la portería. Scarpi dio un incomprensible paso adelante y se tragó el balón. Bruno "asistió" en el gol del empate del primer encuentro ante el Lille, y marcaba hoy, en el último de esta fase, en un gol que valía su peso en oro.

El equipo italiano salía en la reanudación con ímpetu hacia la remontada, y en el minuto 50 de jugo, un rechace de Moretti hacia el área valencianista, aparentemente sin peligro, se convertía en el tanto que reponía las tablas. Crespo apareció de la nada en posición correcta, controló y batió por debajo de las piernas a un dubitativo Moyá en la salida. El Valencia sólo había aguantado cinco minutos de la segunda mitad con el marcador a favor, y ahora toca sufrir. Y de lo lindo. La hinchada del Génova despertaba con el gol de un Crespo, que les animaba braceando a gritar y a montar un jolgorio intimidatorio. Su equipo estaba a un gol de la clasificación, y el Valencia a uno del abismo.

Los blanquinegros aguantaron las acometidas italianos con muchas dificultades durante varios minutos, pero poco a poco, el partido se fue congelando, las fuerzas del Génova se mermaron, y el Valencia comenzó a salir con opciones de contragolpe. A cinco minutos del final, Pablo Hernández le ponía un balón al hueco a Joaquín y Bocchetti empujaba con demasiado ímpetu a un gaditano que carecía de opciones de alcanzarlo. Penalti justo, penalti errado. Villa sorprendía a todos colocando el balón fuera de la portería. No acostumbra a fallar penas máximas.

Este error espoleó al conjunto transalpino, que se echó arriba para tratar de esquivar a la retaguardia blanquinegra, la cual se defendió de forma plausible, con uñas, dientes y garras, como requería la ocasión. En una de esas, allá por el minuto 94 de juego, Scarpi la pifió en un balón largo desde el centro del campo, y la pelota acabó en los pies de Villa, que con todo el campo por delante, sorteó el último obstáculo en forma de portero incapacitado para usar las manos y corrió hacia el área del Génova para empujar el esférico a placer al fondo de las mallas. Así enmendó el Guaje su error, y el Valencia consiguió con mucho sufrimiento un pasaporte para los dieciseisavos de la Europe League que tenía que haberse asegurado mucho antes.

sábado, 12 de diciembre de 2009

El Valencia sucumbe ante la mejor versión galáctica

Un buen Real Madrid ha hecho gala de su efectividad en la segunda parte del encuentro más esperado de la semana para llevarse los tres puntos del feudo valencianista. En dicha segunda mitad gozó de dos ocasiones clara y anotó tres tantos, mientras que un Valencia con entrega, garra y orgullo no desmereció, salvo en algunos tramos del partido, y pudo, como mínimo, puntuar frente a un rival que fue sensiblemente superior. Los de Pellegrini son más equipo cuando se dejan de nimiedades de retórica galáctica y se ponen a demostrar y a creerse ellos mismos que hay vida después de CR9.

La primera parte del choque comenzó con dominio local. Los talentos de baja estatura blanquinegros mimaban el esférico, combinaban, y bailaban una bella sintonía futbolística bajo la batuta del director de la filarmonica de Boca Éver Maximiliano Banega. El problema es que durante el primer cuarto de hora, dicha iniciativa valencianista no acarreó ni siquiera ocasiones de gol, y el Madrid fue entonándose progresivamente hasta hacerse con el control del choque. Karim Benzema y Gonzalo Higuaín se mostraban hediondos de peligro cada vez que acechaban el área de César, Rafael Van der Vaart se reencontraba con su técnica, de cuya ausencia suele adolecer, y por detrás Lassana Diarra, Pepe y Ramos vigilaban la retarguardia de la nave con tibia dura e intenso protestantismo luterano al colegiado gallego. El zaquero portugués, por cierto, no acabó la primera mitad. Se retiró lesionado, gravemente lesionado según parece, y Ezequiel Garay entraría en su lugar.

Al Valencia daba la sensación de que le faltaba un hombre ofensivo y Diarra y Alonso le vencían la batalla de la medular a Albelda y a Marchena, el cual se encontraba más en asuntos bélicos que en el propio juego. Higuaín advertía con un disparo desde la media luna que César repelía a córner, previa limpieza de polvo del poste. Susto. Poco después, en un saque de esquina Ramos la colocaba bajo la cruceta izquierda de la meta ché. El Valencia se había diluido y se veía impotente para crear.

Cero a cero en el descanso, y nadie parecía imaginarse lo que iba a acontecer en el segundo tiempo. El Valencia salió en la reanudación como cuando orientó sus miras hacia el vestuario: mal, desangelado y falto de ideas y de ritmo. En esta coyuntura aprovechó el dominante Madrid para adelantarse en el marcador. Benzema se deshizo de Bruno en el área y desde la línea de fondo asistió certero a la frente de Higuaín que cruzó para adelantar a la galaxia.

El choque parecía ponerse claramente del lado merengue, sensación exacerbada por la inoperancia de los pupilos de Emery. Banega no se siente tan bien en la mediapunta como lo hace como medio centro ofensivo, y contra equipos de la entidad del Madrid se nota mucho más. No obstante, Mathieu, que cada día es mejor atacante y peor defensor, centraba desde el lado izquierdo y Villa, en su única aparición del partido, se adelantaba en la salida a un hoy fallón Casillas, igualando la contienda. Este gol dio alas al conjunto valenciano, que durante los cinco minutos en los que se mantuvo el 1-1 en el electrónico, dominó y puso más empuje. Pero en el minuto 65, un cúmulo de despropósitos dieron lugar al segundo tanto merengue. César, en su empeño por sacar de puerta sin rifar la bola, hizo un erróneo pase a la banda derecha que acabó con el balón dominado por el Madrid, Mathieu entró de golpe a Marcelo que le puso un caño, vislumbró el desmarque al hueco de Higuaín y se la puso. El final ya se lo imaginan.

A partir de ahí, el Valencia pedía a gritos un cambio que sirviera de revulsivo. Las fuerzas empezaban a estar mermadas, y el tiempo comenzaba a ser un verdadero apremio. Emery tardó, pero hizo la sustitución. Se fue Navarro, con amarilla. Entró Joaquín, futuro goleador. Mathieu volvió a asistir, esta vez al gaditano, se sacó un duro disparo que Casillas no atinó a bloquear. Corría el minuto 79 y parecía que el Valencia tendría opciones para presentar su candidatura a ganarlo.

Pero enfrente estaba el Madrid. Sin su centemillonaria estrella mundial, pero el Madrid igualmente. Y además, el mejor Madrid de la temporada y con el santo de cara. Y el santo es más importante que cualquier Cristiano Ronaldo de turno. Xabi Alonso centraba una falta provocada no sin teatro por Sergio Ramos y el central Garay colocaba un imposible testarazo donde César no podía llegar. Marchena le agarró, se montó encima de él, le pegó, pero aún así, el argentino remató y el caprichoso esférico entró. Estaba en el destino que el Madrid ganara hoy, debe ser. A partir de ahí ya no hubo mucho más, el Valencia podía igualar el partido una vez. Dos veces incluso. Pero tres veces era demasiado. Fue un golpe duro en demasía. Parece injusto, el Valencia luchó, con muchos menos recursos y muchos menos millones. Siempre nos quedará Riazor...